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LA COCINA DEL EX CONVENTO DE
SAN DIEGO, CHURUBUSCO
Museo de las Intervenciones |
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En
1524 arriban a la Nueva España 12 frailes franciscanos. Posteriormente llegarían otras órdenes mendicantes, como los dominicos en 1526 y los agustinos en 1533. Estos hombres, envueltos en una atmósfera mesiánica, se harían cargo de evangelizar a los indígenas, se convertirían en sus defensores y sus maestros para que aprendieran nuevas técnicas de trabajo. Hombres como Fray Pedro de Gante, Fray Andrés de Olmos, Vasco de Quiroga, Bartolomé de las Casas, Toribio de Benavente, entre muchos otros. Al mismo tiempo estos frailes se convirtieron en constructores, levantaron ermitas, iglesias, capillas abiertas, colegios y conventos. También fueron agricultores, aclimataron y promovieron los cultivos de las plantas llegadas de Europa, además de conocer e inventariar las plantas de estas tierras. |
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Ellos no sólo se hicieron cargo de levantar un gran número de edificios, tenían que encargarse del mantenimiento y sostenimiento de sus recintos, por lo que poco a poco los conventos del siglo XVI se convirtieron, también, en unidades de producción para el consumo interno, incluso para la comercialización, de productos agrícolas y ganaderos. |
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En 1524, a su paso por Churubusco, los franciscanos fundan una ermita que era un jacal de adobe, y llegó a convertirse en uno de los conventos más importantes de la región. Actualmente el antiguo ex convento de Churubusco alberga al Museo de las Intervenciones , aquí no sólo podemos conocer más a fondo las cinco invasiones extranjeras que ha sufrido nuestro país a partir de su independencia, además de introducirnos en este tema, el Museo de las Intervenciones cuenta con espacios que nos muestran cómo vivían los primeros moradores de este edificio, espacios que nos permiten ver a estas paredes con vida. Muchas veces nos preguntamos ¿cómo vivían hace doscientos o tres cientos años los frailes que con su trabajo levantaron y mantuvieron durante siglos este convento? |
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Para poder dar respuesta a muchas interrogantes, nos dirigimos al director del museo, el historiador Alfredo Hernández, quien de inmediato nos puso en contacto con el jefe de Comunicación Educativa, Raymundo Alva Zavala, quién ha participado en el rescate de la cocina del convento, y de otros espacios vinculados con la cocina: “el refectorio” y “el baño de los placeres”, así como el huerto y los chiqueros. |
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| La labor de rescate empezó con la cocina en el año 2001. La cocina que se rescató probablemente date de principios del siglo XIX, ya que el 26 de agosto de 1806, el convento padeció una inundación. Además, a lo largo de su historia el edificio sufrió muchas modificaciones, pues de la pequeña ermita que se tiene referencia ya para 1529, se habla de un pequeño convento, y como para el siglo XVII el convento ya era insuficiente para el número de personas que lo habitaba, entre estudiantes, monjes, hermanos legos y sirvientes, don Diego del Castillo y Elena de la Cruz patrocinaron las nuevas obras de engrandecimiento. Nos cuenta Raymundo Alva. |
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La extraordinaria cocina que se puede admirar en este convento cuenta con piezas muy interesantes como cazos de cobre de los siglos XVI y XVII, un molde para paté y moldes para buñuelos de los siglos XVI al XVIII, de este último siglo existe un molde de formas barrocas, donde se aprecian cómo las modas influencian también los utensilios de cocina. Además hay piezas de barro, de vidrio y medidas de hoja de lata, o una cesta para guardar pescado. Una estufa con hornillas metálicas. Al fondo, en el centro del espacio se encuentra la chimenea y el fogón, así como los asadores en donde se podían elaborar jamones y ahumar alimentos. También cuenta con fregadero y pila del agua, la cual era alimentada por el aljibe del convento, ubicado en la huerta. Y como era de esperarse, en esta cocina no podía faltar una imagen de San Pascual Baylón, patrono de los cocineros. Cuenta el historiador Raymundo Alva, que lo más importante de la museografía de este espacio, era reproducir un ambiente real de la vida cotidiana en la cocina de un convento, para lo cual se utilizó como fuente y guía, un antiguo grabado de la cocina de los dieguinos. Podemos ver el famoso “garabato”, con que se ponían a salvo los alimentos, suspendido por medio de una polea. |
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Además encontramos una muestra de artes aplicadas en la producción de utensilios, vemos una buena cantidad de especieros de talavera, con los nombres de las especias utilizadas en alimentación y en curaciones, pues era en la cocina donde se preparaban los remedios para curar a frailes y demás habitantes del convento.
En la cocina el trabajo empezaba a las tres de la madrugada, ya que los novicios desayunaban a las cuatro de la mañana y se cerraba a las ocho de la noche, pero como se tenía que hacer el aseo del espacio, el hermano cocinero dejaba encerrados a los sirvientes encargados de hacer el aseo, por lo que podemos ver un petate y una cobija, ya que al terminar sus labores, tenían que permanecer en la cocina hasta que ésta se volviera a abrir.
Hay un sin fin de detalles de esta cocina y otros espacios como el refectorio, que vale la pena ir describiendo poco a poco. No sólo estaban vinculados con la cocina el refectorio y el huerto, pues el baño, lugar donde se realizaban la curaciones, también estaba estrechamente ligado a la cocina y el huerto. Pero si el lector desea adentrarse y dejarse envolver por esta atmósfera de trabajo culinario, puede aprovechar que el último viernes de cada mes, se realiza una visita guiada escenificada por un actor que encarna al negro Antón, personaje que vivió en el convento, un esclavo donado por una vecina de la zona, para que sirviera a los frailes.
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Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla
Periódico El Universal, Suplemento Menú, COMEDORES Y COCINAS DE MUSEO, Junio del 2006 |
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