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DEL HUERTO Y LOS BAŅOS
DE LOS PLACERES DEL EX CONVENTO DE
SAN DIEGO, CHURUBUSCO
Museo de las Intervenciones |
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Ya
para el siglo XVIII, el convento de San Diego Churubusco tenía 30 frailes ordenados, además de legos y estudiantes. Había en el convento una población aproximada de 70 personas, y nos cuenta el historiador Raymundo Alva que en una crónica de fray Baltasar de Medina , escribe que “hay una gran cantidad de estudiantes en el convento de Churubusco” y que “como es tan húmedo el lugar, esto los fortalece”. Será por aquello de que lo que no te mata te hace fuerte. Los estudiantes ingresaban apartir de los doce años de edad y se pedía que tuvieran las primeras letras y después de cumplir con ciertos estudios se les enviaba al Colegio de San Diego el Mayor en la ciudad de México, para que de ahí, algunos de ellos, fueran a evangelizar al norte a los presidios de Nuevo México, y la gran mayoría, a la provincia de San Gregorio Filipinas. Precisamente en San Diego Churubusco estudió Fray Matín de la Ascensión, compañero de martirio de San Felipe de Jesús, primer santo mexicano, nos comenta el historiador Alva. |
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Ya dijimos desde el primer artículo que dos espacios estrechamente vinculados con la cocina, además del refectorio, son el huerto y el “baño de los placeres”, todos estos necesarios para el óptimo funcionamiento del convento. |
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En el huerto, hasta la fecha, existe un aljibe del siglo XIX o de finales del XVIII, anteriormente existía un aljibe del siglo XVI, el cual contaba con una ofrenda indígena dedicada al agua. Era común que en las zonas donde había un convento, los frailes manejaran el agua y se la vendieran a la comunidad, como era el caso de este convento. Los frailes usaron el sistema de regadío indígena a través de vasos comunicantes. El convento contaba con un sistema de canales y tuberías de barro, para que el agua del aljibe surtiera a la cocina y el desagüe iba a dar al lado poniente del convento en el patio de novicios, en donde estaban los lavaderos. |
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| Las plantas estaban ordenadas por trincheras y el convento contaba con una gran variedad de plantas tanto alimenticias como medicinales. El historiador Alva nos comenta de la pragmática con que contaban los franciscanos, a través de la cual podían realizar la aclimatación de las variedades llegadas de Europa o de Filipinas, así como poder sembrar plantas medicinales, recordemos que esta práctica les permitía curar a los frailes enfermos, pero al mismo tiempo hacerse cargo de hospitales. Sobra decir que en el huerto, cocina y Baño de los Placeres, tenían una poderosa presencia los quelites mexicanos. |
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En 1868 y 1869, debido a las Leyes de Reforma levantaron un plano de espacios del convento y un registro de los productos sembrados en el huerto y gracias a éste, sabemos que entre los productos cultivados había: amaranto, chiles de distintas variedades, alfalfa, maíz, hortalizas, duraznos, manzanas, peras y flores. En la actualidad se está haciendo trabajo para hacer la restauración que permita el rescate este huerto.
La cocina era un espacio vinculado con el huerto y refectorio, pero también con el Baño de los Placeres, ya que en la cocina con los utensilios de ésta se preparaban muchas de las tizanas y maceraciones que servirían para tratar a los enfermos, así como la molienda de huesos de aguacate o preparar compuestos con la semilla de la amapola. por lo que el hermano enfermero encargado del Baño, tendría un fuerte vínculo con la cocina. Afortunadamente en el convento de San Diego, el Baño de los Placeres, ha sido otro de los espacios que después de una ardua labor de investigación y restauración, ya ha sido rescatado, pues podemos conocer el espacio que constituía una enfermería.
La medicina occidental de ese entonces, estaba basada en la teoría de Galeno e Hipócrates, de los humores del cuerpo, aunque el investigador Alfredo López Austín, también ha investigado sobre teorías similares de la medicina indígena, de la cual nos da noticia. Aunque por supuesto la medicina de ese entonces manejaba muchos de los conocimientos médicos de los árabes y judíos, así como indígenas. Recordemos cómo el mismo Cortés en sus Cartas de relación, habla de lo excelentes que eran los médicos indígenas, quienes lo habían curado de sus heridas, el día que fue derrotado por los indígenas.
Los frailes tenían prohibido bañarse todos los días, por lo que el Baño de los Placeres es un baño curativo que cuenta con una tina para baños del cuerpo, otra tina de baño de asiento y un fogón, ya que el baño de vapor era utilizado para el tratamiento de las enfermedades, como los baños árabes o el temascal indígena. En este baño se practicaban los métodos curativos conocidos en la época como: sangrías, vejigatorios, baños de asientos, así como el suministro de purgantes y expectorantes. Para preparar los medicamentos se utilizaban plantas, fluidos corporales o animales, lágrimas, cebo, manteca, astas y pesuñas de animales. Como nos lo indican las cédulas informativas de este espacio.
Para tener una visión más amplia de estos espacios y podernos imaginar la vida de los antiguos habitantes de este convento, lo mejor es que realice una visita al Museo de las Intervenciones.
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Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla
Periódico, El Universal, Suplemento Menú, COMEDORES Y COCINAS DE MUSEO, Julio del 2006 |
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