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LAS FIESTAS DE AYER, LAS FIESTAS DE HOY
EN LA FORTALEZA DEL INDIO,
LA FORTALEZA DE ADELA.

   
 
 
 
 
Fotos: Bertha Herrera
Las fiestas de ayer y de hoy. Adela continúa dándole vida a esa Fortaleza, en la que se  siguen haciendo fiestas y espectáculos, con la cocina y su comida como elemento aglutinante, como liga de elementos de expresión de vida y creatividad. Con el fallecimiento del Indio, hace veinte años, la vida de la casa cambió. El Indio dejó de recibir a sus amigos, pero la casa sigue ahí, los fogones de la cocina se mantienen encendidos. Adela sigue haciendo comidas y espectáculos, gracias a los cuales esta casa puede seguir viva. Es una manera por la que las nuevas generaciones disfruten de un espacio, gracias al cual se pueden sumergir en el mundo de los grandes creadores artísticos e intelectuales de nuestro país en el siglo XX. Periódicamente Adela Fernández realiza diferentes actividades y nos brinda la oportunidad de penetrar como en un túnel del tiempo, al mundo del Indio Fernández y al suyo, al de Adela Fernández, ese mundo de aromas y sabores en medio en que ha transcurrido, y nutrido, su vida.
 
Adela sigue dándole vida a esta casa desde su cocina corazón que marca el pulso y da calor a sus visitantes. Y como ella nos comenta, “una de las tradiciones que sigue viva en esta casa es la del día de muertos. Cuando yo era niña, el Altar de muertos se montaba en la cocina, las mujeres que trabajaban en ella, iban a visitar sus pueblos el día de muertos, y a su regreso traían mole, tamales, pan de muerto, atole y buñuelos. Entonces montaban sus altares en la cocina, con los alimentos que traían y de esta forma la cocina de la casa del Indio se convertía en un gran altar.”

Esta tradición se quedó muy arraigada en Adela y nos comenta como empezó a montar sus propios altares: “En un principio tenía que pedir muertos prestados; les decía yo a mis vecinos, ¿oiga no tendrá la foto de un muertito que me preste para mi altar? Después ya no los tuve que pedir prestados, los amigos, la gente querida, fue ocupando su lugar en el altar. Y ahora en el día de muertos, toda la casa se convierte en una gran ofrende y en ella se le rinde homenaje a todos mis seres amados, que ya se adelantaron, y muchos de los personajes que acostumbraban venir a esta casa, siguen viniendo a comer de la ofrenda. La cocina de azulejos de talavera, vuelve a trabajar al cien para seguir alimentando y deleitando, a todos los que acostumbraban venir a comer acá”.
 
 Y Adela nos habla de su gusto por agasajar a los muertos y que la cocina de su casa siga atendiendo a todos aquellos que ya físicamente no están con nosotros, “yo soy conchera, pero yo no danzo, yo soy “altarera”, me encanta hacer velaciones cuando pongo el altar de muertos”.
 
De esta forma Adela revive todas sus vivencias, y al poner su gran altar de muertos aparecen los recuerdos de cada  uno de ellos, hay una danza de presencias, y una vuelta a la vida de anécdotas; como aquella ocasión en la que su padre la mandó a llevarle a Frida Kalho, una canasta con los frutos que se cultivaban en su casa: higos, granadas, tejocotes..., “porque mucho de lo que se consumía en esta casa, acá se producía”, nos comenta mirando vagar el humo de su cigarro. Al llegar a casa de Frida, Adela fue recibida por una persona del servicio, que al poco rato regresó y le entregó una canasta llena con higos, granadas y tejocotes: “dice la señora que le agradece mucho y que aquí le manda a su papá algo de las frutas de acá. Era la manera como acostumbraban saludarse, haciéndose una ofrenda.”

“La cocina es la parte más viva de esta casa, y de cualquiera. Es un lugar mágico, pero también un lugar donde se dan todo tipo de sentimientos. En la cocina se ejerce la lucha del poder, es imposible que en la cocina no se den chismes, y esto es todo un problema, por eso yo al hacer tamales, les amarro las orejas a las ollas para que no escuchen los chismes, porque si no lo hago, los tamales no quedan. La cocina es química, física, pero también magia”, comenta Adela.

Ahora “De pasada por la casa del Indio, cada quién su Frida”, se vuelve a llenar la casa con presencias y fantasmas vivos. Precisamente en estos días, de los fogones de la cocina centro del universo de una época, salen tostadas de pata derecha de Frida, tostadas de pancita a la Diego, esquites, champurrado, ponche con o sin piquete, café, “canela”, mezcal... y de postre “chichinetas” (o sea de adeveras, no a la cirugía) y también va a haber galletas, para agasajar a todos aquellos que asistan al espectáculo montado por Ofelia Medina, los viernes y sábados, que desde el 11 de agosto y hasta el 2 de septiembre, hace que la Casa Fuerte del Indio se abra para ofrecer arte y comida, tradición y cocina. Vale la pena acercarse a la casa del Indio y convivir cada quien su Frida, reservaciones 5573-9391.

Así nos habla Adela de la vida de su cocina, desde donde se agasajan a los vivos y a los muertos. Una cocina que salvaguarda tradiciones, como la del día de muertos, una de las más ricas del pueblo de México, en donde le rendimos culto a los que ya no está con nosotros y de esta forma los mantenemos, vivos y presentes, porque la verdadera muerte es el olvido. Es una extraordinaria experiencia al hablar de una cocina como de museo, pero que está viva y que gracias al trabajo que se realiza en ella y a la fortaleza de Adela, la Fortaleza del Indio, sigue en pie .

Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla
Periódico, El Universal, Suplemento Menú, COMEDORES Y COCINAS DE MUSEO, Agosto del 2006

 
 
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